Un lechazo churro asado y seis copas de vino

Hay platos que no necesitan presentación. Una cazuela de barro. Un cuarto de lechazo. Agua. Sal. Un horno bien caliente y tiempo. Pocos ingredientes y ninguna posibilidad de esconderse detrás de ellos.

El lechazo churro asado al estilo tradicional es uno de esos platos en los que todo depende del producto y del punto de cocción. Piel dorada y crujiente por fuera, carne tierna y jugosa por dentro y ese fondo concentrado que queda en la cazuela y que invita inevitablemente a mojar pan (de Valladolid, por supuesto).

También es uno de los grandes platos para disfrutar con vino tinto. Pero aquí viene lo interesante: no existe una única botella capaz de acompañarlo. Dependiendo del vino que sirvamos podemos potenciar la jugosidad de la carne, buscar contraste con la grasa, acompañar los tostados del horno o llevar el conjunto hacia un perfil mucho más profundo y gastronómico.

Así que hacemos un experimento: un único plato y seis vinos. Seis maneras diferentes de sentarse delante de un buen lechazo asado.

¿Por qué el lechazo funciona tan bien con vino tinto?

Antes de elegir las botellas hay que mirar el plato.

El término lechazo hace referencia al cordero que todavía se alimenta exclusivamente de leche materna. La IGP Lechazo de Castilla y León contempla, entre otras, la raza Churra, y describe una carne especialmente tierna, jugosa, de textura suave y con escasa infiltración de grasa intramuscular.

En el asado tradicional aparecen además dos elementos fundamentales.

La grasa exterior se funde lentamente durante la cocción y la superficie adquiere esos característicos registros tostados.Por eso necesitamos vinos con estructura suficiente para acompañar la carne, pero también con frescura para equilibrar la grasa. Los taninos encuentran aquí un magnífico aliado. La fruta aporta contraste. Los aromas de crianza pueden encontrarse con los tostados del horno.

A partir de ahí, cada botella cuenta una historia distinta.

1. Matarromera Reserva: cuando queremos darle más profundidad al asado

Matarromera Reserva 2021 incorpora gran profundidad aromática y una estructura diferente.

En nariz aparecen frutas negras maduras, registros minerales, cacao, especias y matices balsámicos. En boca encontramos un vino con carácter, complejidad y capacidad para seguir evolucionando.

Y aquí la combinación es totalmente intencionada: la propia ficha de Matarromera Reserva señala expresamente el lechazo asado entre sus maridajes recomendados.

Matarromera Reserva nos lleva hacia una mesa más pausada. Quizá un almuerzo de domingo. Una celebración. Uno de esos días en los que el lechazo llega entero a la mesa y nadie tiene demasiada prisa por levantarse.

Los registros de crianza acompañan especialmente bien la parte más tostada del asado, mientras la fruta negra y la estructura encuentran respuesta en la jugosidad de la carne. La sensación: más complejidad, más persistencia y un maridaje de largo recorrido.

2. Rento: el lechazo llevado a una mesa muy especial

Hay veces en las que el plato es tradicional, pero queremos convertir la comida en algo extraordinario.

Ahí aparece Rento.

Rento se elabora en Bodega Renacimiento, en un edificio histórico de Olivares de Duero, con Tempranillo procedente de los Pagos de Zurita. Es un vino de autor, de producción limitada, con una elaboración muy vinculada a la historia familiar de Carlos Moro. En copa presenta fruta negra madura, cedro, regaliz y otros registros de crianza. Tiene cuerpo y estructura, pero también una textura elegante y sedosa, con taninos firmes y bien integrados y un final prolongado.

La bodega recomienda Rento expresamente con asados, carnes rojas, guisos y estofados.

¿Y qué pasa cuando lo ponemos junto al lechazo?

Que el plato cambia de registro.

Seguimos teniendo una receta sencilla y tradicional, pero la profundidad del vino hace que empecemos a prestar más atención a la carne, a su textura y a esos pequeños caramelizados que aparecen durante el asado.

Es una combinación para comer despacio.

Para servir el vino en una copa amplia.

Y para dejar algo dentro de la botella cuando llegue la sobremesa.

La sensación: elegancia, profundidad y una versión casi ceremonial del lechazo.

3. Valdelosfrailes Reserva: Cigales también quiere sentarse a la mesa

Ribera del Duero parece la elección evidente. Pero apenas necesitamos desplazarnos unos kilómetros para encontrar otra interpretación completamente distinta de la Tempranillo.

La D.O. Cigales entra en juego con Valdelosfrailes Reserva.

El vino combina fruta negra madura, intensidad, frescura, cuerpo y estructura, acompañados por suaves especias y registros torrefactos. Tras la elaboración permanece al menos 14 meses en barricas nuevas y continúa su evolución durante un mínimo de dos años en botella.

Y aquí tampoco estamos improvisando el maridaje.

La ficha oficial lo define directamente como un vino sublime para disfrutar de un lechazo castellano.

Hay algo especialmente interesante en esta combinación: la frescura.

Un asado tiene grasa, jugos y sabores concentrados. Si todo lo que añadimos es potencia, la comida puede terminar resultando excesivamente pesada.

Valdelosfrailes Reserva mantiene intensidad, pero conserva un perfil fresco que ayuda a limpiar el paladar después de cada bocado.

Por eso puede ser una de las opciones más sorprendentes.

Cigales demuestra que su historia no termina en claretes y rosados.

También sabe perfectamente qué hacer delante de una cazuela de lechazo.

La sensación: intensidad con frescura y una interpretación muy castellana del maridaje.

4. Cyan Prestigio: llevar el lechazo hasta Toro

Ahora viajamos río abajo. Llegamos a la D.O. Toro y cambiamos también de expresión varietal. La Tempranillo se convierte aquí en Tinta de Toro.

Cyan Prestigio muestra una personalidad mucho más intensa. Encontramos fruta negra madura, tostados finos, sensaciones balsámicas y minerales y recuerdos de plantas aromáticas como tomillo y romero.

En boca es carnoso, con taninos maduros y una marcada integración entre fruta y crianza.

Es precisamente esa dimensión carnosa la que hace especialmente divertida la combinación.

El vino tiene potencia suficiente para enfrentarse sin problemas a la grasa del lechazo y a las partes más tostadas.

Además, los recuerdos de tomillo y romero encuentran un punto de afinidad muy gastronómico con el cordero, incluso aunque en un asado tradicional no necesitemos añadir ninguna hierba.

La recomendación oficial incluye asados y cordero, así que el encuentro resulta especialmente natural.

Este sería el vino para quien quiere subir la intensidad.

Para quedarse con la parte más dorada.

Para mojar pan en el fondo de la cazuela.

Para pedir otra copa.

La sensación: potencia, fruta negra y un maridaje de sabores profundos.

5. Oinoz by Claude Gros: Rioja se encuentra con Castilla

Terminamos bastante lejos del punto de partida.

Nos vamos hasta Rioja.

Oinoz by Claude Gros 2015 ofrece una interpretación más compleja y evolucionada, con fruta roja madura, frutos negros, notas minerales, especias, chocolate, toffee, madera noble y recuerdos de café torrefacto.

Su boca es larga, armoniosa y compleja, con una agradable sensación tostada al final.

¿Su maridaje recomendado?

Precisamente lechazo asado, además de costillas de cordero, carnes rojas y guisos de caza.

Aquí la distancia geográfica desaparece en cuanto llega el plato.

Los registros torrefactos y especiados encuentran afinidad con la piel dorada del lechazo.

La fruta acompaña la jugosidad.

Y la estructura permite que el vino continúe presente incluso en los bocados más intensos.

Es quizá la opción menos evidente de las seis.

Y precisamente por eso merece estar en la mesa.

Porque un gran maridaje no siempre consiste en unir productos que nacieron juntos.

A veces consiste en descubrir que dos territorios diferentes hablan perfectamente el mismo idioma.

La sensación: elegancia, tostados y un viaje de Castilla a Rioja sin cambiar de plato.

lechazo asado con Matarromera. maridaje

Entonces, ¿cuál es el mejor vino para el lechazo?

No hay una única respuesta. Y esa es precisamente la idea de este artículo. El plato no ha cambiado. Sigue siendo el mismo lechazo asado. Lo que cambia es nuestra experiencia.

Blog Matarromera
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