Decir Ribera del Duero es hablar de Tempranillo, de viñedos sometidos a importantes contrastes térmicos, de crianzas cuidadas y de algunos de los tintos con mayor reconocimiento de nuestro país. Pero ¿qué hace que un Ribera del Duero pase de ser simplemente un buen vino a convertirse en un vino con personalidad propia?
Para descubrirlo podemos mirar hacia Bodega Matarromera, en Valbuena de Duero, y detenernos en algunos de los elementos que definen sus vinos. Porque detrás de una botella hay mucho más que una variedad de uva y unos meses de barrica.
1. Todo empieza en el viñedo
Antes que la bodega está la tierra.
Los viñedos de Matarromera se encuentran principalmente entre Olivares y Valbuena de Duero, en pleno valle del Duero. La bodega dispone de más de 160 hectáreas de viñedo, con una presencia destacada de suelos calizos en los que la Tempranillo encuentra unas condiciones especialmente interesantes para desarrollar elegancia y estructura. Aquí aparece la primera clave de un gran vino: la calidad de la uva no puede construirse después en la bodega. El suelo, la orientación, la altitud, la edad de las cepas, el rendimiento o las condiciones de cada añada influyen en el carácter del fruto mucho antes de que comience la elaboración. Por eso no todas las parcelas tienen necesariamente el mismo destino.
2. Tempranillo: la gran protagonista
En Ribera del Duero, la variedad protagonista es la Tempranillo, también conocida tradicionalmente en la zona como Tinta del País o Tinto Fino. Es igualmente la base de los grandes tintos de Matarromera. La variedad permite elaborar vinos con fruta, estructura y buena capacidad de evolución. Pero, como ocurre con cualquier uva, el resultado depende enormemente del lugar en el que se cultiva y de cómo se trabaja.
En Matarromera, la Tempranillo procede de viñedos situados muy cerca del río Duero y de pagos seleccionados de Valbuena y Olivares de Duero. En el caso de Matarromera destacan los suelos calizos y arcillosos y las fuertes oscilaciones térmicas como parte de la identidad de sus viñedos históricos.
3. Saber cuándo vendimiar
Una gran uva también puede perder parte de su potencial si no se recoge en el momento adecuado. Por eso elegir el día de vendimia es una de las decisiones más importantes de cada añada. No se trata simplemente de esperar a que la uva tenga suficiente azúcar. Se observa su evolución, su acidez, el estado de las pieles y las pepitas, su sanidad y, por supuesto, las previsiones meteorológicas. En Bodega Matarromera se realizan visitas previas a las parcelas para determinar el momento adecuado de recogida. La vendimia se lleva a cabo manualmente y la uva pasa por procesos de selección antes de comenzar la elaboración. El objetivo es sencillo de explicar, aunque mucho más difícil de conseguir: llevar a la bodega la mejor expresión posible de cada parcela.
Además, es absolutamente crucial la selección de la uva. En Bodega Matarromera se llevan a cabo hasta tres procesos de selección. Primero en el viñedo, donde se vendimian únicamente los racimos óptimos para cada tipo de vino. Ya en bodega se seleccionan las uvas grano a grano que, posteriormente pasan por un sistema de visión artificial que mediante una serie de parámetros previamente establecidos eligen únicamente las mejores uvas.
4. La barrica no debe hablar más alto que la fruta
Cuando pensamos en un Ribera del Duero, es inevitable pensar también en la crianza. Pero utilizar madera no consiste en conseguir que un vino «sepa a barrica». Una buena crianza debe acompañar al vino y aportar complejidad sin esconder su origen. En Matarromera Crianza, por ejemplo, se utilizan barricas seleccionadas de roble francés y americano, de grano fino y tostado suave, buscando preservar la expresión de la fruta y alcanzar un equilibrio entre madurez y crianza. Durante ese tiempo pueden aparecer nuevos matices aromáticos y modificarse también la textura del vino. La madera es una herramienta. El equilibrio es el objetivo.
5. El tiempo también es un ingrediente
Crianza, Reserva y Gran Reserva no son simplemente palabras que encontramos en una etiqueta. Nos hablan también de diferentes maneras de trabajar con el tiempo. Hay vinos concebidos para expresar más claramente su juventud y otros preparados para evolucionar durante años, primero en barrica y posteriormente en botella. La gama de Matarromera permite precisamente recorrer esas distintas interpretaciones, desde Matarromera Crianza hasta Matarromera Reserva, Gran Reserva o Prestigio. La bodega está especialmente orientada a la elaboración de vinos de guarda en Ribera del Duero. Un ejemplo especialmente claro es Matarromera Gran Reserva: su elaboración contempla una larga crianza en madera seguida de varios años de reposo en botella antes de llegar al mercado. La paciencia no es únicamente una cuestión de calendario. Permite que los distintos elementos del vino se integren y que aparezcan nuevas capas de aromas y sensaciones.
6. Y, por encima de todo, equilibrio
Quizá esta sea la palabra que mejor resume todas las anteriores. Un gran Ribera del Duero no tiene por qué ser el vino con más madera, más cuerpo, más color o más intensidad. Tiene que existir equilibrio. Entre fruta y crianza. Entre frescura y madurez. Entre estructura y elegancia. Entre lo que aporta la variedad y lo que aporta el trabajo en bodega. Precisamente ese equilibrio entre Tempranillo, viñedo y roble ha formado parte de la identidad de Matarromera desde sus primeras elaboraciones. Su primera añada, la de 1994, obtuvo un importante reconocimiento internacional que marcó el comienzo de la trayectoria de la bodega.
Un Ribera del Duero empieza mucho antes de abrir la botella
Cuando descorchamos un Matarromera vemos el resultado final. Pero detrás han quedado un suelo concreto, meses de trabajo en el viñedo, una fecha de vendimia elegida cuidadosamente, selección de uva, fermentación, barricas y tiempo en botella. Conocer esos pasos no hace falta para disfrutar del vino. Pero sí puede ayudarnos a entender mejor por qué una copa sabe como sabe. Y quizá esa sea una de las mejores formas de acercarse a Ribera del Duero: no quedarse únicamente con la etiqueta de Crianza, Reserva o Gran Reserva, sino preguntarse qué hay detrás. En Matarromera, la respuesta comienza siempre en el mismo lugar: el viñedo, la Tempranillo y el tiempo necesario para convertirlos en vino.

