Vinos de finca: cuando el origen se convierte en identidad

Hay vinos que se entienden por su variedad de uva. Otros, por su denominación de origen, por su crianza o por el estilo de la bodega. Y después están los vinos en los que el lugar adquiere un protagonismo todavía mayor: vinos que nacen de una finca, una parcela o un viñedo concreto y buscan trasladar a la copa aquello que hace diferente a ese pequeño territorio.

Es ahí donde aparece el concepto de vino de finca.

Cuando hablamos de estos vinos, la pregunta ya no es únicamente de qué región procede la uva. La pregunta se vuelve mucho más precisa: ¿de qué viñedo procede y qué tiene de particular ese lugar?

Suelo, altitud, orientación, edad de las cepas, clima, disponibilidad de agua, forma de cultivar la viña e incluso la manera en la que recibe el sol pueden cambiar sensiblemente el comportamiento de la uva. Un vino de finca busca precisamente conservar y expresar esas diferencias.

Por eso hablar de vinos de finca es, en buena medida, hablar de paisaje.

viñedos de bodega sanclodio

¿Qué es exactamente un vino de finca?

De una manera sencilla, podemos entender un vino de finca como aquel cuya identidad está estrechamente vinculada a un viñedo o finca determinada y cuya elaboración busca expresar las características particulares de ese origen.

La idea parece sencilla, pero tiene una consecuencia importante: el lugar deja de ser un dato secundario para convertirse en una parte fundamental de la personalidad del vino.

Dos parcelas relativamente próximas pueden comportarse de manera diferente. Una puede tener más caliza; otra, más arcilla o arena. Una ladera orientada al sur puede recibir más insolación que una parcela orientada al norte. La altitud puede favorecer noches más frescas. Un suelo profundo puede almacenar agua de manera diferente a otro más pobre o pedregoso.

Y todo ello sucede antes de que la uva llegue a la bodega.

Aquí conviene hacer una aclaración. “Vino de finca” no debe utilizarse automáticamente como sinónimo de “Vino de Pago”. En España, Vino de Pago es una categoría regulada dentro de los vinos con Denominación de Origen Protegida y responde a unos requisitos específicos. También existen menciones reguladas particulares, como el Viñedo Singular en la DOCa Rioja. El concepto de vino de finca puede utilizarse, en cambio, para explicar una filosofía de elaboración especialmente vinculada a una finca o viñedo determinado.

El terroir: mucho más que el suelo

Para entender por qué una finca puede producir un vino tan particular hay que hablar inevitablemente de terroir, o terruño.

Es uno de los conceptos más repetidos en el mundo del vino, pero también uno de los más interesantes. El terroir reúne los factores que hacen que una determinada parcela tenga unas condiciones propias: suelo, clima, altitud, orientación, variedad, entorno y la propia interacción de la viña con ese territorio. No basta, por tanto, con hablar de “un suelo calizo” o de “un clima continental”. Lo importante es cómo todos esos elementos actúan conjuntamente.

El suelo: donde empieza la diferencia

La vid obtiene del suelo agua y nutrientes, pero la influencia del terreno va mucho más allá.

Hay suelos arenosos, arcillosos, calizos, graníticos, con canto rodado, pizarra o diferentes combinaciones de materiales. Su profundidad, capacidad de drenaje y retención de agua condicionan el desarrollo de las raíces y la respuesta de la planta durante todo el ciclo vegetativo.

En una finca concreta esas características pueden presentar una combinación difícil de encontrar incluso en parcelas cercanas.

Un buen ejemplo lo encontramos en CM Finca Valmediano 2016, de la D.O. Toro. Nace de un viñedo prefiloxérico plantado en vaso sobre suelos arenosos de Valdefinjas. Aquí, la propia naturaleza del terreno y la edad del viñedo forman parte esencial de la identidad del vino.

En Cigales, CM Finca Valdehierro 2015 ofrece otro ejemplo muy diferente: procede de un antiguo viñedo plantado en vaso sobre un terreno franco, con canto rodado, componentes silíceos, calizos y aluviales. Un mismo concepto —buscar la expresión de un lugar— se traduce así en vinos distintos porque el lugar también lo es.

Altitud, orientación y clima: la geografía también se bebe

La ubicación exacta de una viña importa.

La altitud modifica las temperaturas y puede incrementar la amplitud térmica entre el día y la noche. La orientación determina las horas y momentos de exposición al sol. Las pendientes influyen en el drenaje y en la manera de recibir la radiación solar. El viento y la cercanía de ríos o masas forestales también pueden modificar las condiciones de una parcela.

Por eso dos viñedos de una misma variedad y dentro de una misma denominación no tienen necesariamente que producir la misma uva.

En Ribera del Duero, CM Finca Picón de Zurita 2016 nace de un viñedo de antiguos clones de Tempranillo situado en Olivares de Duero, a unos 750 metros de altitud. Sus suelos francos y arenosos, con presencia aluvial en superficie, y un viñedo de más de cien años ayudan a explicar el carácter particular de este vino.

En Ribeiro, el paisaje cambia completamente. CM Viña Tenencia procede de viñedos situados en el valle del Miño, sobre terrenos silíceos originados por la descomposición del granito y con una ladera orientada al norte. Aquí entran en juego variedades tradicionales de Ribeiro como Treixadura, Godello y Albariño.

La edad del viñedo: menos vigor, más historia

La edad de la viña no garantiza por sí sola la calidad de un vino. Una viña vieja mal situada o mal trabajada no es automáticamente mejor. Pero los viñedos antiguos pueden reunir características especialmente interesantes. Con el paso de los años desarrollan sistemas radiculares amplios, su producción suele ser más contenida y determinadas parcelas alcanzan un equilibrio natural difícil de reproducir.

En algunos vinos de finca, además, conservar estas cepas significa preservar una parte del patrimonio vitícola de una región.

Es especialmente evidente en CM Matarromera Viña Garugele 2015, elaborado a partir de un viñedo de Tempranillo plantado en 1940 en la zona alta de la Sonsierra. Viña Garugele está además reconocida como Viñedo Singular dentro de la DOCa Rioja. El trabajo tradicional del viñedo, la vendimia manual y una elaboración dirigida a conservar el carácter de la parcela refuerzan esa relación entre vino y origen.

Aquí aparece una de las claves de estos vinos: la bodega no intenta borrar las diferencias del viñedo, sino conservarlas.

De la finca a la bodega: elaborar sin perder el origen

Una gran parcela no basta si después su personalidad desaparece durante la elaboración.

El trabajo en bodega debe decidir cómo acompañar la materia prima: momento de vendimia, selección de racimos, temperatura de fermentación, recipiente, trabajo con lías, tipo de roble, tiempo de crianza o reposo posterior en botella.

No existe una única receta para elaborar un vino de finca.

En Rueda, por ejemplo, CM Verdejo Fermentado en Barrica 2019 nace de Verdejo procedente de la finca Las Marcas y combina el origen del viñedo con fermentación y crianza en barricas nuevas de roble francés y trabajo sobre lías.

En Rías Baixas, CM Albariño Sobre Lías 2022 parte de un escenario completamente distinto. La Finca Pesqueiras se encuentra junto al río Tea y cuenta con el característico cultivo en emparrado. La vendimia es manual y, después de la fermentación, el vino realiza una crianza sobre lías que busca aportar textura y complejidad sin perder el carácter atlántico de la Albariño.

Son dos blancos, dos variedades y dos paisajes. Y precisamente ahí está el interés: un vino de finca no responde a un único estilo de vino; responde a una manera de entender su origen.

CM Vinos de Finca: distintas denominaciones, una misma filosofía

La colección CM Vinos de Finca permite recorrer esta idea a través de territorios vitivinícolas muy distintos. Actualmente, la tienda oficial reúne siete referencias dentro de la colección, desde blancos atlánticos hasta grandes tintos de guarda. Además de los ejemplos anteriores, la colección incluye vinos nacidos de paisajes muy diferentes entre sí. Esto permite comprobar algo especialmente interesante: hablar de finca no significa buscar que todos los vinos sepan igual, sino exactamente lo contrario. Significa dejar que cada lugar conserve su identidad.

Ribera del Duero, Rueda, Cigales, Toro, Rioja, Ribeiro y Rías Baixas aportan suelos, variedades, altitudes y condiciones climáticas muy distintas. La colección convierte esas diferencias en su argumento principal.

Hay vida más allá de la colección CM

La relación entre finca y vino aparece también en otros proyectos de Bodegas Familiares Matarromera.

En Bodega Matarromera, Matarromera Pago de las Solanas 2016 procede del emblemático Pago de las Solanas, en Olivares de Duero. Se trata de un viñedo calizo situado entre aproximadamente 740 y 820 metros de altitud, con pendiente y orientación sur, condiciones que forman parte fundamental de la definición del vino.

En Toro, Cyan Pago de la Calera nace de viñedos de Tinta de Toro de más de sesenta años situados en el pago que le da nombre, sobre terrenos calcáreos y en un entorno de condiciones especialmente áridas.

En Cigales, Valdelosfrailes Pago de las Costanas mira hacia viñedos muy antiguos, con rendimientos reducidos, como punto de partida de un vino marcado por la concentración, la mineralidad y la elegancia.

Y en el valle del Avia, Finca Palmeira Sanclodio pone el foco directamente en la viña que le da nombre, situada en Gomariz, con suelos de sábrego, pizarras y esquistos y una marcada influencia atlántica.

Cuatro territorios completamente distintos que vuelven a conducir a la misma idea: cuanto más concretamos el origen, más interesante resulta preguntarnos qué aporta ese lugar al vino.

Entonces, ¿son mejores los vinos de finca?

No necesariamente. Y precisamente evitar esa simplificación ayuda a entender mejor el vino. Proceder de una finca concreta no convierte automáticamente a un vino en mejor que otro. Lo convierte, cuando existe un verdadero trabajo detrás, en un vino con una procedencia especialmente precisa y una voluntad clara de expresar esa procedencia.

La calidad dependerá después del viñedo, de la añada, de la uva, del trabajo vitícola, de las decisiones enológicas y, finalmente, del equilibrio del vino.

Lo especial está en otra parte: en su singularidad y trazabilidad.

Un vino elaborado con uvas procedentes de distintos viñedos puede buscar equilibrio, regularidad o complejidad mediante el ensamblaje. Un vino centrado en una finca concreta acepta, en cambio, el reto de mostrar de forma más directa cómo se ha comportado un lugar determinado durante una añada determinada.

Beber paisaje: la verdadera singularidad de un vino de finca

Quizá esta sea la mejor forma de entenderlos. Una denominación de origen nos permite situar un vino en una región. Una finca concreta nos obliga a acercarnos mucho más al mapa. Ya no hablamos solo de Ribera del Duero, Toro, Cigales, Rueda, Rioja, Ribeiro o Rías Baixas. Hablamos de un determinado suelo, una pendiente, unas cepas, una orientación y una historia. El vino se convierte entonces en una interpretación de ese paisaje. Y ahí está probablemente lo más interesante de los vinos de finca: permiten descubrir hasta qué punto un pequeño lugar puede dejar una huella reconocible dentro de una copa.

Preguntas frecuentes sobre los vinos de finca

¿Qué significa que un vino sea de finca?

Generalmente indica que el vino mantiene una vinculación especialmente estrecha con una finca, parcela o viñedo concreto y que su elaboración pretende expresar las características propias de ese origen.

¿Es lo mismo un vino de finca que un Vino de Pago?

No necesariamente. Vino de Pago es una categoría legal regulada en España dentro de las DOP y debe cumplir requisitos específicos. “Vino de finca” puede utilizarse en un sentido más amplio para describir vinos estrechamente vinculados a una finca determinada.

¿Qué diferencia un vino de finca de otro vino?

Principalmente, el grado de precisión de su origen. En estos vinos adquieren especial importancia factores concretos del viñedo como el suelo, la altitud, la orientación, el microclima, la edad de las cepas y la forma de cultivarlas.

¿Un vino de finca tiene que proceder de viñas viejas?

No. La edad puede contribuir a la singularidad de determinados viñedos, pero no es una condición universal para hablar de un vino vinculado a una finca.

¿Por qué suelen producirse menos botellas?

Cuando las uvas proceden de una superficie delimitada, la cantidad disponible está condicionada por el tamaño y el rendimiento de ese viñedo. En parcelas viejas o de bajos rendimientos, la producción puede ser especialmente pequeña.

¿El terroir se puede apreciar realmente en el vino?

El suelo, el clima, la altitud, la orientación, la variedad y el manejo del viñedo influyen en el desarrollo y maduración de la uva. El objetivo de un vino especialmente ligado a su origen es que esa combinación pueda expresarse en el resultado final.

Blog Matarromera
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