Hay viajes que empiezan mucho antes de hacer la maleta. A veces basta imaginar una carretera entre viñedos, pequeños pueblos de piedra, la Sierra de Cantabria recortándose en el horizonte y una copa de Tempranillo esperando al final del camino.
Viajar a Rioja es viajar alrededor del vino, pero también descubrir paisaje, historia, gastronomía y una cultura que lleva siglos mirando hacia el viñedo.
En San Vicente de la Sonsierra, uno de los enclaves vitivinícolas más reconocidos de la DOCa Rioja, se encuentra Bodega CM de Matarromera, rodeada por un paisaje en el que las parcelas, las laderas y la propia Sierra de Cantabria ayudan a comprender por qué aquí la Tempranillo encuentra una expresión tan particular. La bodega cuenta con más de 20 hectáreas de viñedo propio y trabaja desde 2014 en la recuperación y conservación de viñedos antiguos y del edificio centenario en el que se asienta.
Es un buen punto de partida para un viaje a Rioja. Y también para descubrir tres formas diferentes de interpretar un mismo territorio: Oinoz Crianza, Garu Crianza y CM Matarromera.
San Vicente de la Sonsierra: Rioja desde las alturas
Antes de entrar en la bodega merece la pena mirar alrededor.

San Vicente de la Sonsierra se encuentra a los pies de la Sierra de Cantabria, en un entorno donde pequeñas parcelas de viñedo componen un paisaje cambiante. La montaña no es únicamente un magnífico telón de fondo: condiciona también el clima de la zona y protege parcialmente los viñedos de las influencias húmedas procedentes del norte.
Aquí encontramos suelos de importante presencia calcárea, viñedos en vaso y cepas de varias décadas de edad. Son precisamente esos matices los que hacen que hablar simplemente de “un Rioja” se quede corto. La procedencia, la altitud y la edad del viñedo importan.
Y descubrir esas diferencias sobre el terreno permite después comprender mucho mejor lo que aparece dentro de la copa.
Una forma diferente de conocer Rioja: la visita privada “La Sierra”
Una escapada enológica gana mucho cuando el viaje no termina en la puerta de la bodega. La experiencia Visita privada «La Sierra» CM Rioja está planteada precisamente para unir vino, paisaje e historia.
El recorrido comienza fuera de la propia bodega. Un trayecto en furgoneta permite conocer diferentes puntos históricos de los alrededores, entre ellos una necrópolis, un antiguo lagar y Santa María de la Piscina. Después, la visita entra ya en el universo del vino. Se recorren la sala de depósitos, las zonas de elaboración y embotellado y el parque de barricas. Uno de los momentos más especiales llega en el calado, donde la experiencia incluye una cata directamente desde barrica. Es una oportunidad para probar el vino en pleno proceso de evolución. Antes de que llegue a la botella. Antes de que el tiempo termine de redondearlo. Antes, incluso, de que se convierta exactamente en el vino que llegará finalmente a nuestra mesa.
La experiencia termina con una cata guiada en la sala social acompañada de aceite y queso de la zona. Actualmente, la cata de esta experiencia incluye CM, CM Prestigio y Oinoz Crianza by Claude Gros y tiene una duración aproximada de dos horas y media, con un máximo de cuatro personas. enoturismo.matarromera.es

Pero el viaje nos sirve también como excusa para detenernos en tres vinos de Rioja especialmente interesantes dentro del universo de Bodegas Familiares Matarromera.
Oinoz Crianza: una mirada moderna a Rioja
Empezamos por Oinoz Crianza.
Elaborado con Tempranillo procedente de viñedos de Labastida y San Vicente de la Sonsierra, Oinoz Crianza nace en las zonas altas próximas a la Sierra de Cantabria.
Son viñedos de entre 25 y 80 años, plantados en vaso sobre suelos calcáreos y frescos, con producciones limitadas y uvas de pequeño tamaño. El vino realiza una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y americano con tostados ligeros. Tienda Matarromera
¿Y qué encontramos en la copa? Fruta roja fresca, como frambuesa y zarzamora, acompañada de violetas, ligeros recuerdos mentolados, especias y notas minerales. En boca mantiene una buena acidez y un perfil suave, equilibrado y persistente. Es un vino que permite acercarse a Rioja desde un estilo especialmente accesible y contemporáneo. Además, resulta fácil imaginarlo después de un día recorriendo la zona.
Unas patatas a la riojana, unas pochas, un guiso o simplemente una tabla de embutidos y quesos pueden ser magníficos compañeros. Son, de hecho, algunos de los maridajes recomendados oficialmente para el vino. Una botella que invita a seguir hablando del viaje cuando ya estamos sentados alrededor de la mesa.
Garu Crianza: el paisaje de Labastida dentro de una copa
El segundo vino nos lleva directamente hacia el concepto de terroir. Garu Crianza nace de viñedos propios de Tempranillo situados en Labastida, próximos al Monte Garu, del que toma su nombre. Aquí la relación con el paisaje resulta especialmente evidente. Las cepas tienen entre 25 y 80 años y están plantadas en vaso sobre suelos frescos y calcáreos. Las producciones son limitadas y la uva, de pequeño tamaño, se recoge manualmente en cajas de menos de 12 kilos.

La propia Sierra de Cantabria desempeña un papel importante en las condiciones en las que se desarrolla el viñedo, favoreciendo uvas con frescura, expresión aromática, mineralidad y estructura. Garu es, por tanto, uno de esos vinos que adquieren todavía más sentido cuando conocemos físicamente el territorio del que proceden.
En nariz encontramos fruta roja como zarzamora y grosella junto a frutos negros, matices minerales y registros procedentes de su paso por madera: vainilla, coco, clavo, pimienta negra, chocolate, tofe y un ligero recuerdo torrefacto. En boca combina fruta, taninos dulces, frescura y una marcada persistencia.
¿Para acompañarlo? Quesos curados, verduras asadas o unas buenas chuletillas al sarmiento son algunas de las propuestas de la propia bodega. Pocos platos pueden parecer más apropiados después de haber pasado el día entre viñedos riojanos.
CM Matarromera: dos iniciales y una historia
Llegamos al vino que lleva las iniciales de Carlos Moro. CM Matarromera está elaborado con Tempranillo procedente de viñedos de entre 35 y 80 años, situados en las zonas altas de la Sonsierra. Es uno de los vinos que mejor permiten adentrarse en la identidad de Bodega CM de Matarromera y en su interpretación de Rioja. En nariz aparecen frutos rojos frescos —fresa, cereza y mora— acompañados de plantas aromáticas como tomillo y espliego y un fondo especiado. En boca encontramos un vino amplio y con volumen, pero también fresco, con una acidez marcada y una estructura que combina intensidad y facilidad de disfrute.
Ese equilibrio lo convierte además en un vino especialmente versátil a la mesa. Legumbres, carnes, guisos y asados funcionan muy bien, pero también puede acompañar embutidos, quesos e incluso determinados pescados blancos y azules.
Tres maneras diferentes de acercarse a la Tempranillo sin salir de Rioja.

Cuando conocer el lugar cambia nuestra forma de beber el vino
Existe una gran diferencia entre leer en una etiqueta “San Vicente de la Sonsierra” y haber estado allí. Después de recorrer sus carreteras, contemplar los viñedos desde las zonas altas, conocer sus suelos, entrar en un calado y probar el vino directamente desde una barrica, esa información deja de ser simplemente geográfica y se convierte en un recuerdo.
Eso es precisamente lo que hace interesante el enoturismo. No se trata únicamente de visitar una bodega para ver cómo se elabora un vino. Se trata de poner paisaje a lo que después encontramos en la copa.
En CM Matarromera, la experiencia se extiende además hacia el patrimonio histórico de San Vicente. La visita privada “La Sierra” conecta la bodega con enclaves como el lagar, la necrópolis o Santa María de la Piscina antes de adentrarse en las zonas de elaboración, las barricas y el calado. El viaje deja así de tener una única parada.
Rioja: mucho más que un destino vinícola
Rioja es una de esas regiones en las que resulta difícil separar vino y paisaje.
Los viñedos forman parte de la carretera. Las bodegas conviven con pueblos históricos. Los lagares, calados y antiguas parcelas recuerdan que la relación de este territorio con el vino viene de lejos.
Y recorrerlo nos permite comprender algo fundamental: los grandes vinos no aparecen únicamente dentro de una bodega. Empiezan fuera, en una ladera, en un suelo calcáreo, en una cepa vieja, en el viento que desciende de la Sierra de Cantabria. En una vendimia realizada a mano.
Por eso viajar hasta San Vicente de la Sonsierra y conocer Bodega CM de Matarromera puede ser mucho más que una visita enológica. Y, después de conocer el lugar, volver a abrir cualquiera de esas botellas ya no será exactamente lo mismo.
