Hay vinos que empiezan con una variedad de uva. Otros, con una idea. Y hay vinos cuya historia comienza necesariamente en un lugar. Finca de la Calera pertenece a estos últimos.
Estamos en Valdefinjas, dentro de la D.O. Toro, en un paisaje de horizontes amplios, viñedos que soportan condiciones exigentes y una tierra en la que la Tinta de Toro lleva generaciones demostrando hasta dónde puede llegar.
Aquí, a unos 700 metros de altitud y sobre terrenos de marcada base caliza, Bodegas Familiares Matarromera encuentra el origen de dos de sus nuevas interpretaciones de los vinos de alta gama de Toro: Finca de la Calera 2022 y ALAE – Finca de la Calera 2020.
Dos vinos, una misma finca y dos formas diferentes de mirar un territorio.
Toro: mucho más que potencia
Hablar de Toro suele llevarnos rápidamente a conceptos como intensidad, concentración o estructura. Y hay razones para ello. El clima, las condiciones de los suelos, la altitud y el carácter de la Tinta de Toro han construido durante años una identidad reconocible. Pero reducir todos los vinos de la denominación a la potencia sería quedarse únicamente con una parte de la historia.
Toro también puede hablar de frescura, precisión, elegancia y origen. Ese es precisamente uno de los puntos de partida de Finca de la Calera y ALAE. Ambos nacen en Valdefinjas y comparten la voluntad de interpretar la personalidad de una finca concreta. Sin embargo, no buscan expresar esa personalidad exactamente de la misma forma. Finca de la Calera mira hacia la profundidad y la estructura. ALAE se eleva hacia la mineralidad, la frescura y la elegancia. Dos caras de una misma tierra.
Finca de la Calera: cuando el nombre ya nos habla del origen
A veces el nombre de un vino es casi una declaración de intenciones. Finca de la Calera no necesita buscar su identidad lejos del viñedo: toma directamente el nombre del lugar del que procede. La finca se encuentra en Valdefinjas, uno de los enclaves históricos del entorno de Toro, y cuenta con viñedos de Tinta de Toro de más de treinta años. Los terrenos presentan una importante base caliza y el viñedo se sitúa alrededor de los 700 metros de altitud.
El suelo condiciona la forma en la que la vid obtiene agua y nutrientes. La altitud influye en las temperaturas y en la maduración. La edad de las cepas modifica su equilibrio y rendimiento. Y el clima de cada añada termina de construir una materia prima que nunca es exactamente igual a la anterior. Por eso, cuando hablamos de un vino de finca, hablar de paisaje no es una licencia poética.
Finca de la Calera 2022: profundidad, estructura y fruta
La añada 2022 de Finca de la Calera nace de esos viñedos de más de treinta años y de una selección especialmente cuidada de Tinta de Toro.
La uva se recoge en su momento óptimo de maduración y pasa por una doble selección, primero en el campo y posteriormente en bodega. El objetivo durante la elaboración es respetar la expresión de la fruta y conseguir una extracción precisa tanto del color como de los taninos.
Después llega la crianza en barricas de roble francés y americano, seguida de un periodo de reposo en botella.
Pero para entender el vino también hay que volver a aquel año.

Una añada exigente
2022 estuvo marcada por una primavera y un verano secos y por temperaturas elevadas.
El ciclo no fue sencillo.
Sin embargo, las lluvias de comienzos de septiembre llegaron en un momento especialmente oportuno y favorecieron la culminación de la maduración de las uvas.
La cosecha alcanzó así un excelente estado sanitario, con una acidez moderada y un importante potencial de color, estructura, crianza y guarda.
El resultado es un vino que en copa muestra una intensa tonalidad rojo picota, con matices azulados.
En nariz encontramos fruta negra madura, acompañada de notas balsámicas y recuerdos de vainilla, coco, tabaco y chocolate negro.
En boca aparece la estructura, pero también el equilibrio.
Tiene buena acidez, una evolución amable y elegante y un final especialmente prolongado.
Una expresión profunda de la Tinta de Toro en la que el carácter de la variedad convive con la precisión de la elaboración.
ALAE: mirar la misma finca desde más arriba
Y entonces llegamos a ALAE. Misma finca, misma variedad, pero otra perspectiva. Su nombre procede del latín ala, alae: “de las alas”. No es una elección casual. La idea de ALAE está vinculada al vuelo, a la elevación y a la posibilidad de contemplar el territorio desde una perspectiva diferente. Como si, para entender completamente una finca, no bastara con caminar sobre ella. ALAE representa precisamente esa búsqueda de una cota más alta, tanto en un sentido físico como enológico. Es la interpretación más elevada y precisa de Finca de la Calera, elaborada a partir de una selección de uvas procedentes de la zona más alta de la finca.

ALAE 2020: la expresión de los suelos más calizos
Si Finca de la Calera 2022 procede de la identidad global de este enclave de Valdefinjas, ALAE – Finca de la Calera 2020 concentra su mirada en una zona especialmente singular. Las uvas de Tinta de Toro proceden de viñedos de más de treinta años ubicados en la parte más elevada de la propiedad. Y allí encontramos también los terrenos con mayor presencia de caliza. La bodega vincula estas características con tres conceptos especialmente interesantes para comprender el perfil del vino: frescura, mineralidad y elegancia en los taninos.
Volvemos así a esa otra cara de Toro. La que demuestra que intensidad no significa necesariamente pesadez. Que una Tinta de Toro puede tener estructura y al mismo tiempo mantener frescura. Y que trabajar con precisión una zona concreta del viñedo permite buscar una expresión diferente dentro de una misma finca.
Una añada 2020 marcada por el equilibrio
Las condiciones de 2020 fueron diferentes a las de 2022. La primavera presentó una buena pluviometría y el verano fue cálido, pero sin episodios extremos. Las temperaturas fueron, en términos generales, más moderadas de lo habitual para la zona. Ese contexto permitió una maduración equilibrada. La uva llegó a bodega en un excelente estado sanitario, con buena acidez, grado alcohólico medio-alto y un importante contenido polifenólico. En copa, ALAE presenta una capa intensa y tonalidades azuladas.
La fruta negra madura aparece junto a registros minerales y balsámicos y a notas de vainilla procedentes de su crianza en madera. En boca resulta estructurado, pero también amable y equilibrado. El ataque conserva una sensación refrescante, la evolución mantiene la armonía y el final es intenso. Su fuerza está ahí. Pero también la precisión.
La caliza: una de las claves del paisaje
El propio nombre de Finca de la Calera dirige inevitablemente nuestra atención hacia el suelo. En los dos vinos, y especialmente en ALAE, la presencia de terrenos calizos desempeña un papel central en la manera de explicar su origen. Cuando hablamos del suelo en viticultura conviene evitar explicaciones demasiado simples. Una cepa no “transmite” literalmente el sabor de la piedra a la uva. La relación es mucho más compleja.
El tipo de suelo condiciona aspectos como el drenaje, la disponibilidad de agua, la profundidad que pueden alcanzar las raíces y la forma en la que la vid responde durante los periodos de calor y sequía. Y cuando combinamos esas características con la altitud, la orientación, la edad de las cepas y el clima, aparece algo mucho más interesante: un comportamiento particular del viñedo. Por eso hablar del suelo es hablar también de cómo madura una uva.
Valdefinjas: mirar Toro desde un lugar concreto
Una denominación de origen puede abarcar un territorio amplio. Una finca nos obliga a acercarnos. Primero hablamos de España. Después de Castilla y León. De la D.O. Toro. De Valdefinjas. Y finalmente de Finca de la Calera. Cada vez que reducimos la escala conocemos un poco mejor el origen del vino.
Esta forma de mirar el territorio está cada vez más presente en la viticultura contemporánea: entender que dentro de una misma denominación hay lugares capaces de expresarse de forma particular. Bodegas Familiares Matarromera sitúa precisamente Finca de la Calera en el centro de su renovada apuesta por los vinos de alta gama de Toro. No como un simple lugar del que obtener uvas. Sino como el argumento principal de los vinos.
Una nueva mirada sobre la Tinta de Toro
También hay algo importante detrás de la elaboración de estas dos referencias. La intención no es construir vinos alrededor de la extracción o de una potencia desmedida. La bodega habla de vendimias tempranas y una elaboración moderna orientada a preservar la fruta, controlar la extracción y mantener un grado alcohólico medido. Es una manera de actualizar la interpretación de Toro sin perder aquello que define a la denominación. La profundidad continúa presente. También la estructura. La intensidad de la Tinta de Toro sigue siendo reconocible. Pero aparecen con más claridad otros conceptos: frescura, fruta, mineralidad, elegancia, equilibrio.
Y quizá esa sea una de las cuestiones más interesantes del vino actual: comprobar cómo una región histórica puede seguir evolucionando sin renunciar a su identidad.
De la tierra al cielo
Hay una bonita relación entre los nombres de estos dos vinos. Finca de la Calera nos lleva directamente hacia abajo: al terreno, a la caliza, a las raíces. Al lugar concreto donde comienza todo. ALAE hace el recorrido contrario. Nos invita a levantar la mirada. A desplegar las alas. A observar la finca desde una perspectiva más elevada.
Dos vinos distintos que terminan hablando de lo mismo: el origen.
Porque antes de la barrica, antes de la botella y mucho antes de que el vino llegue a una copa, hubo una finca, un suelo, un viñedo. Y unas cepas de Tinta de Toro creciendo en Valdefinjas. Por eso Finca de la Calera es un lugar privilegiado para hablar de vino. Porque aquí el vino no necesita inventar una historia. La tiene bajo sus pies.
