Hay una forma de amar el vino que no cabe en los márgenes de lo razonable. No es (solo) gusto: es necesidad de comprender. Es volver a ese vino conocido para descifrar qué ha cambiado, comparar añadas como quien relee su libro favorito, perseguir un aroma que aparece y, de repente, como esa idea brillante, desaparece. Esa relación: a ratos íntima, a ratos obsesiva es lo que hoy llamamos una pasión desmedida.
Porque el vino tiene esa virtud rara: cuanto más sabes, más te falta por aprender. Te empuja a mirar el paisaje y el tiempo con otros ojos. A preguntarte por el frio, por el viñedo, por la mano que decidió vendimiar un día antes o un día después. Te invita a escuchar historias de familia, de oficio, de paciencia y de riesgo; y, cuando crees que lo has entendido, todo cambia. El vino es memoria líquida, pero también sorpresa.
El vino lo es todo y no es necesario ser un experto para poder disfrutar de él.
Silvia Ortuñez, sumiller
Y, sin embargo, esa “desmesura” no es un capricho. En el fondo, es disciplina. La pasión desmedida se alimenta de método: entrenar la nariz, ordenar referencias, estudiar regiones, probar a ciegas, afinar el servicio, entender la gastronomía. Y luego, lo más difícil: traducir todo ese conocimiento sin convertirlo en una barrera. Que pedir una copa vuelva a ser un gesto natural para todos, principalmente para el cliente.
Ahí es donde la sumillería se convierte en oficio de verdad: en la capacidad de escuchar antes de recomendar. De leer una mesa como se lee una sala: tiempos, expectativas, curiosidad, presupuesto, estado de ánimo. De proponer con seguridad, pero sin imponer. De celebrar un clásico cuando toca y de abrir una ventana cuando alguien está listo para descubrir un vino nuevo.
En este episodio, queremos hablar precisamente de eso: de cómo se construye una carta, de cómo se lidera una bodega como un organismo vivo, de cómo se forma un equipo. Queremos hablar del vino como emoción, pero también como servicio.

Y el título del capítulo —“Una pasión desmedida”— no es una metáfora elegida al azar. Es una frase real, espontánea, dicha en caliente, de esas que salen cuando la alegría te desborda y solo puedes nombrarla así. La pronunció nuestra invitada al enterarse de que había sido elegida Mejor Sumiller 2024 en los Premios Verema. Hoy se sube, a La Esencia del Vino, Silvia Ortúñez, actualmente Sumiller Jefe en The Library (Grupo Paraguas): una profesional que une rigor y cercanía para que el vino vuelva a ser, ante todo, disfrute.
El vino elegido para maridar este programa es Matarromera Prestigio, porque es uno de esos vinos a los que siempre podemos volver y ver evolucionar y crecer y que, además, ha conseguido “enganchar” a muchos en este apasionante mundo.
La frase de hoy es de Steve Jobs, que afirmó que “La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces.” A lo que nosotros añadimos, con una pasión desmedida
Así que vamos allá con un capítulo más de La Esencia del Vino que, como saben, pueden escuchar, al igual que el resto de programas en Spotify y en las principales plataformas digitales y, por supuesto, en nuestra web: podcast.matarromera.es
