La agricultura regenerativa aplicada al viñedo está emergiendo como una estrategia eficaz para mejorar la salud del suelo, aumentar la resiliencia de la vid y mitigar los efectos del cambio climático. A diferencia de los modelos convencionales, este enfoque busca restaurar los procesos biológicos naturales del suelo, favoreciendo la biodiversidad microbiana y optimizando las relaciones simbióticas entre planta y microorganismos.

En este contexto, cabe destacar iniciativas como el proyecto GO MYCOWINE, en el que se emplean micorrizas previamente seleccionadas de los suelos de viñedos de Matarromera. Este enfoque parte de la premisa de que las comunidades fúngicas autóctonas están mejor adaptadas a las condiciones edáficas específicas de cada terroir. Al seleccionar y multiplicar estas micorrizas nativas, se pretende optimizar la eficiencia de la micorrización, favoreciendo una colonización más efectiva, estable y funcional en la vid.
La base de este sistema es la alianza natural entre las raíces de la vid y ciertos microorganismos beneficiosos del suelo. Es un intercambio de ayuda mutua: los hongos crean una red que funciona como una extensión de las raíces, permitiendo que la planta llegue mucho más lejos para beber agua y alimentarse. A cambio, la vid comparte con ellos un poco de la energía que fabrica, logrando que ambos crezcan más fuertes. Es, en esencia, una colaboración perfecta donde la planta gana capacidad para nutrirse y el suelo recupera su vitalidad.»
La integración de estos microorganismos en el viñedo tiene efectos directos sobre el vigor y la sanidad de la planta. Un sistema radicular más eficiente permite a la vid explorar un mayor volumen de suelo, acceder a recursos hídricos en condiciones de sequía y activar mecanismos de defensa frente a patógenos. Esto se traduce en una mayor resistencia a enfermedades y una mejor adaptación a condiciones climáticas extremas, aspectos críticos en el contexto actual de cambio climático.
Aplicación de micorrizas
Es importante diferenciar dos estrategias de aplicación de micorrizas: la inoculación en el momento de la plantación y el suministro en plantas ya establecidas.
La inoculación en plantación es, desde el punto de vista biológico, la más eficiente. En esta fase, las raíces jóvenes son altamente receptivas a la colonización micorrícica, lo que permite establecer una simbiosis temprana y estable. Esto favorece el desarrollo inicial de la planta, mejora el enraizamiento y condiciona positivamente su rendimiento a largo plazo.
La integración de micorrizas vía fertirrigación en viñedos jóvenes de hasta dos años representa una excelente oportunidad para dinamizar la salud del suelo y potenciar el equilibrio biológico de la plantación bajo un modelo de agricultura regenerativa. En lugar de ser solo un insumo, esta técnica actúa como un refuerzo vital que estimula la resiliencia de las raíces y restaura la biodiversidad del ecosistema subterráneo, optimizando el rendimiento incluso en suelos que necesitan recuperación. Al alinear una gestión agronómica precisa con esta biotecnología, transformamos el entorno radicular en un sistema vivo y autosuficiente, asegurando que las cepas jóvenes consoliden todo su potencial productivo mientras devolvemos la vitalidad y la estructura al suelo a largo plazo.
En el proyecto GO MYCOWINE se están utilizando ambas estrategias de aplicación: la inoculación en plantón y el aporte de propágulos en planta ya establecida. El objetivo es analizar comparativamente la eficacia de ambos métodos en condiciones reales de campo. Esto es posible evaluando parámetros como la tasa de colonización micorrícica (porcentaje de raíces colonizadas), densidad de hifas extraradicales, actividad enzimática del suelo (fosfatasas, deshidrogenasas), disponibilidad de fósforo asimilable, y eficiencia en el uso del nitrógeno en interacción con comunidades bacterianas nitrificantes.
Conclusiones
Este enfoque experimental permite no solo comparar la eficacia agronómica de ambas estrategias, sino también comprender los mecanismos ecológicos subyacentes a la simbiosis micorrícica en sistemas vitícolas, optimizando así su aplicación práctica en distintos contextos edafoclimáticos.
La agricultura regenerativa en viñedo, apoyada en el uso estratégico de micorrizas y bacterias beneficiosas, ofrece una vía prometedora para mejorar la sostenibilidad, productividad y resiliencia del sistema vitícola. La clave reside en entender y potenciar las dinámicas biológicas del suelo, pasando de un enfoque extractivo a uno verdaderamente regenerativo.

